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domingo, 18 de julio de 2010

miércoles, 23 de junio de 2010

De Nouakchott a Testai

En el Toyota viajamos 8 personas más el conductor: Angelines, Sixu, Joan, el termo, la nevera y la mochila delante; entre mis piernas una mochila y Nelson o Sidi, que se alternan con Dabo y con Guide. Bebemos agua sin parar. Fresca, caliente... Perdemos la cuenta. Alguien de Testayé nos contará después que ha sido el día más caluroso del año.
Yo no hago más que pensar en las amigas que quieren acompañarnos en el próximo viaje y creo que no puedo animarles a venir. ¿Qué pensarán de nosotros si somos capaces de someter a sus hijos a semejante tortura? Con mis hijos me atrevo, pero con los de los demás....
Lo más cercano a este calor que se me ocurre son las tardes de agosto sentados en Zaragoza, en medio de la Plaza del Pilar a las tres de la tarde durante horas.....Si pueden soportarlo, pueden venir.

Al mediodía comemos y descansamos !qué rico! y  el conductor no volverá a probar bocado , tan solo té... Nosotros comeremos de madrugada un bocadillo perdidos en un pueblo.

Durante el viaje nos paran en unos veinte puestos de Gendarmería, enseñamos nuestros pasaportes, nos hacen una ficha, nos hacemos amigos... A veces de un puesto a otro tan solo hay cinco minutos. Recuerdo a los periódicos dibujando a Mauritania como un país inseguro... y a la vez pienso en un grupo de terroristas ¿cómo pudieron pasar desapercibidos?
Había calculado que llegaremos a la una de la madrugado, pero realmente serán casi las diez de la mañana. Las 16 horas del viaje anterior se han vuelto 24. Hemos venido por un nuevo camino, con más carretera, y después descubriré que hemos dado vueltas y vueltas. En una casa aislada nos ofrecen cobijo para protegernos de nuestra primera tormenta de arena.
Casi al llegar, no encontramos Testayé y el conductor dice que no sabe si le llegará la gasolina. Intento no pensar en esa posibilidad mientras mi cuñado intenta encontrar alguna referencia en el paisaje.

martes, 22 de junio de 2010

Montando el equipaje


Para recorrer Mauritania es necesario un todo terreno y un chófer. Hay empresas que los alquilan y en algunos casos la negociación hasta llegar al precio (que está estipulado) va acompañado de largas negociaciones. Los conductores son siempre curiosos ante nuestros ojos.
Nadie sabe cuanto puede caber en un Toyota, pero cargar y descargar el equipaje es una dura prueba en la que finalmente, numerosos hombres (cual jubilados en las vallas de las obras españolas) observan como una occidental se desespera intentando colocar seis colchones, todas las maletas y bultos, e infinitos kilos de pescado seco. !Y lo consigue!

La playa de Nouakchott

La playa. Sin sombrillas, sin aglomeraciones. Nadar entre medusas, jugar en las olas, observar gente que se baña de diferentes maneras. Los grupos de muchachos que enseguida se acercan a nadar con los niños. La familia que lleva el té para encender fuego con gasolina. Y los pescadores con sus barcas.

La embajada de España en Mauritania

Acudimos a la Embajada para ver si ya estaban los papeles que le permitirían a Sixu volver a estudiar un año más con nosotros. A la entrada de la calle, los policías mauritanos nos guardaron las cámaras de fotos... colgadas de su cuello. Nos las devolvieron al salir.
Fuimos conscientes del riesgo de atentado.
La experiencia fue muy interesante: poner caras a las personas que nos habían atendido por teléfono; intuir y hablar durante unos minutos de lo que supone estar lejos y estar disponible para los ciudadanos españoles en otro país.
Cuando entiendes la Administración como servicio al ciudadano, más allá de los errores que tengamos en la práctica diaria o de los chistes sobre funcionarios, y eso se te transmite también desde gente que trabaja a 3.000 km. de tu casa española... emociona. Y de repente estábamos hablando de de recursos, de nuestro trabajo en Zaragoza, de los placeres de la vida en Andalucía y de nuestra amiga Anabel que había estado el año anterior de visita.
Por otra parte, también en la Embajada pudieron poner otra vez cara a nuestro sobrino, escuchar como ese visado había supuesto para él una gran oportunidad que estaba aprovechando, pero también para sus amigos españoles porque les permitía conocer otra realidad.
!Y salimos con el visado y una preocupación menos!

lunes, 21 de junio de 2010

Comprando en los mercados de Nouakchott

Comprar en un país más pobre siempre es complicado. El salario medio mensual en España son 1780 euros brutos y en Mauritania, quien lo tiene, de 125 euros brutos.. Y las cosas valen tanto o más que en España. Eso es la pobreza.
Nosotros, europeos, nos movemos con grandes fajos de ouguiyas intentando explicar que el dinero no nos ha caido del cielo mientras regateamos o intentamos decidir qué es lo que compramos para la familia y para la casa, sin saber el límite entre tacañería, solidaridad y despilfarro. !Muy complicado!
Aprovechamos las compras en la capital porque cuanto más nos alejemos de ella más caro es el producto, por el gasto de transporte, y hay menos variedad. La calidad suele ser baja y en muchas tiendas el orden y la organización son diferentes a los que nos hemos acostumbrado. La pregunta muchas veces es si estos negocios son rentables. Parece haber más tiendas que clientes.


Despertar en Nouakchott

Sentada en un banco de cemento, lavándome los dientes frente a la calle sin asfaltar y llena de basura, es fácil entender porque la gente que viaja a Europa no quiere volver. Los coches pasan sin orden mientras los niños corren entre o contra ellos. Soy incapaz de calcular cuántos atropellos puede haber al cabo del día.
Hace calor y la vida es dura aquí, muy dura. La letrina comunitaria y el habitáculo que hace de ducha no son lo más apetecible después de la noche para empezar un nuevo día.

Tras cada puerta que da a la calle hay ocho, diez, quince habitaciones de menos de 20 m2 donde residen familias enteras. Palabras como hacinamiento, condiciones mínimas... que usamos en Zaragoza, pierden aquí el sentido.

Las cabras se alimentan tranquilamente... y a Angelines le sale un sarpullido espectacular en las piernas. Mis hijos no entienden por qué tantos niños se acercan a ver como somos y qué tenemos. Nos preguntan las mujeres a dónde vamos.

domingo, 20 de junio de 2010

Aeropuerto de Las Palmas y llegada a Nouakchott

Volamos de Madrid a Las Palmas. El suelo de los aeropuertos es ideal para jugar a la peonza y en Canarias nos miraban sorprendidos. Los mexicanos campeones del mundo no habían llegado hasta allí para venderlas.¡Qué bien se come en el restaurante del aeropuerto!
En el vuelo a Nouakchott ya no había restricciones de peso y en la fila se veían grandes cajas de cartón. Llegar a Mauritania, pasar el control de pasaportes y encontrarnos con Guide, mi cuñado y padre de Siju, fue sentir que volvíamos a casa. ¡Y que esta vez no ibamos a dar dinero de más a los que nos llevaron las maletas!
Organizarnos en los coches que nos venían a buscar fue complicado. Las maletas salían del capó, aunque el policía que paró uno de los coches no llegó a multarnos, tan solo cogió algún billete doblado..
El barrio nos esperaba con sus luces, sus ruidos...